Gia Carangi. La primera supermodelo de los 80.

Gia, cuando apenas contaba con 17 años.

Gia, cuando apenas contaba con 17 años.

Gia Marie Carangi nació en Philadelphia (Pennsylvania, Estados Unidos) el 29 de enero de 1960 en el seno de una familia de clase media. Hija de un pequeño empresario dueño de un restaurante y de una antigua modelo, tenía una hermano mayor con el que sufría de la inestabilidad de un matrimonio entregado a las discusiones continuas. Como era previsible, el divorcio no tardaría en llegar y con ello la separación de su madre, lo cual creó un vacío emocional que nunca sería capaz de llenar.

Quizás debido a la falta de atención por parte de un padre prácticamente  ausente , Gia vivió una adolescencia rebelde y errática, sin mostrar interés por formarse en nada en particular pero sí entregada al disfrute de la vida nocturna. Durante estos años tendrían lugar sus primeros escarceos con las drogas, al tiempo que participaba de la incipiente cultura de discoteca que se abría camino a mediados de los 70. Se hizo miembro de un grupo estudiantil, los Bowie kids, admiradores de la estética andrógina y el estilo de vida liberal de David Bowie. Junto a ellos, frecuentaba los clubes gay de Philadelphia, donde Gia manifestaba su homosexualidad con toda la naturalidad del mundo.

Gia, posando para el catálogo de modelos de Elgort.

Gia, posando para el catálogo de modelos de Elgort.

Preocupada por el rumbo que llevaba la vida de su hija y con la intención de que tuviera una ocupación concreta, su madre la animó a hacerse unas fotos con un profesional amigo suyo, Joe Petralis, quien advirtió el potencial de la joven. Otro fotógrafo, Maurice Tannenbaum, la captó divirtiéndose en un local nocturno. Emocionado por su belleza, envió las fotos directamente  a la agencia de Wilhelmina Cooper, quien inmediatamente la llamó a Nueva York. A ojos de Cooper, una antigua modelo, Gia concentraba en un solo cuerpo el estilo con el que quería distinguirse. La representante, que se convertiría en una nueva madre para Gia, comenzó a concertar  audiciones para ella con sus mejores clientes. Tenía 17 años y su carrera estaba a punto de despegar.

Y es que la belleza de Gia rompía todos los esquemas de la industria. Su estatura era más baja que la del resto de modelos (medía 170 cm) y tenía  el pelo y los ojos castaños, en contraposición a las modelos altas, rubias, pálidas y etéreas que abundaban en las editoriales de moda. Era emocional, sensual, pasional y sobre todo muy natural. La chica rebelde de los suburbios sabía conquistar a la cámara con una sucesión de poses y gestos nunca vistos y que hoy forman parte del repertorio de las modelos profesionales. El ascenso fue vertiginoso y en sólo seis meses ya estaba en la cumbre. Fotógrafos como Francesco Scavullo (quien la apodó “Baby Gia”), Richard Avedon,  Chris von Wangenheim o Arthur Elgort la retrataron para Vogue, Cosmopolitan, Harper’s Bazaar o Glamour. Fue imagen de Christian Dior, Versace y Armani. Pero la ropa empezaba a ser lo de menos: gracias a sus fotografías,  el público querían verla a ella. Había nacido la primera supermodelo de los años 80.

Francesco Scavullo, el fotógrafo que prácticamente la convertiría en una estrella, dijo de Gia que tenía una forma única de moverse que la hacía diferente al resto. Hábil retratista de celebridades, Scavullo había sido el desarrollador de la imagen de portada de la chica Cosmopolitan, es decir, una mujer joven, sexy y atrevida, pero con buen gusto. Scavullo encontró en Gia la modelo perfecta por su expresividad y naturalidad. Él fue el responsable del ascenso meteórico de la carera de Gia hacia el estrellato.

Una de sus fotos más icónicas, con Sandy Linter.

Una de sus fotos más icónicas, con Sandy Linter, tomada por Von Wangenheim.

También trabajó con Chris von Wangenheim, un fotógrafo alemán que colaboraba en Harper´s Bazaar y Vogue y que se caracterizaba  por tomar unas imágenes inquietantes y provocativas. Significativa es la sesión de fotos que realizó  con Gia en 1978 para Vogue, en la que la muestra desnuda detrás de una reja metálica. También aparece en esta sesión junto a Sandy Linter, la maquilladora que sería el gran amor de su vida. Chris von Wangenheim explotó en sus fotografías la sexualidad de Gia de manera recurrente en anuncios para Christian Dior y se convirtió también en uno de los mejores amigos de la modelo.

Al mismo tiempo que los fotógrafos la buscaban para realizar reportajes de moda, Gia se lanzaba a disfrutar de la vida nocturna asistiendo a discotecas famosas como Studio 54 o Mudd Club, donde alternaba con artistas y estrellas como Jack Nicholson o Debbie Harris. No en vano aparece durante unos pocos segundos en el vídeo  “Atomic” de Blondie. La vida disoluta y ese vacío interior que la acompañaría toda la vida, sería lo que provocó su inicio en las drogas. La muerte de su representante Wilhelmina Cooper en 1980 fue un duro golpe. Sumado al fin de su relación con Sandy Linter, durante la cual se había mantenido alejada  de las drogas, y a la muerte de Von Wangenheim poco después, precipitaron a Gia, que estaba en la cúspide del estrellato al más profundo de los pozos.

En la cúspide de su carrera, Gia cayó de nuevo en la depresión. Las drogas estaban al alcance de la mano. El paso a la heroína fue crucial, afectando definitivamente a su trabajo. Desmejorada y con las marcas de los pinchazos aún visibles, Gia se presentaba en las sesiones aún drogada, sin casi poder moverse ni intercambiar dos palabras coherentes. Los maquilladores se esforzaban en tapar los rastros de su adicción, mientras Gia mostraba un carácter impredecible. Eso cuando no se quedaba dormida en mitad de la sesión, si es que aparecía. La agente Heileen Ford, que entonces la representaba, no tardó en despedirla, muy a su pesar, porque ya no era una profesional en la que se pudiese confiar. En los pocos momentos de lucidez que tuvo, y gracias al apoyo de su madre, Gia intentó varias veces desengancharse.  sin conseguirlo, pues, en su afán de cubrir sus carencias emocionales, Gia terminaba estableciendo relaciones con otros toxicómanos. Junto a Elyssa Goldson llegó a vivir en los callejones de heroinómanos de Atlantic City, donde se prostituía para conseguir más dosis.

Alarmado por la situación de la modelo, Scavullo intentó rescatarla para los medios. De él es la última portada que cubriría nuestra modelo, con los brazos ocultos tras el vestido, su figura escuálida escondida tras un encuadre picado y una sombra en la mirada que no tiene nada que ver con la Gia vital y llena de energía de un año antes. Esta portada, aun sin ser de las mejores de Scavullo, consiguió relanzar la carrera de Gia. Una revista alemana le ofreció 10,000 dólares por un posado y parecía que Gia esta estaba decidida a retomar el control de su vida. Esta ilusión duró poco y Gia entró de nuevo en la espiral de la heroína. Durante una sesión en el Norte de África, Gia fue detenida por posesión de drogas y cuando volvió a Estados Unidos, ya nadie quería trabajar con ella.

Su última portada para Cosmopolitan, por Scavullo.

Su última portada para Cosmopolitan, por Scavullo.

El rumbo de su vida iba cada vez a peor. Sin un hogar definido y persiguiendo siempre la estabilidad y el cariño de alguien, la modelo pasaba temporadas en casa de su padre, su madre o amigos, cuando no vagaba sin rumbo fijo por los callejones de Philadelphia donde compartía jeringuillas con otros toxicómanos. Cuando fue diagnosticada de SIDA, Gia se lanzó a vivir aún con más urgencia: “Salgamos. Vivamos. Podemos morir mañana”.

El 18 de Noviembre de 1986 Gia Carangi murió acompañada de su madre, quien no había permitido que nadie de la industria ni siquiera sus amigos se acercaran a visitarla al hospital. Hasta el último momento Gia no perdió la esperanza. Uno de sus deseos antes de morir fue poder explicar a los niños las trampas de la droga y así se creó la fundación que lleva su nombre. Su muerte, al igual que su vida, se trató desde un punto de vista muy mediático: no en vano era la primera modelo famosa en morir de SIDA. Se estrenaron documentales con declaraciones y entrevistas que rescataron su figura y que, además de recordar su enorme belleza, destacaron su anhelo de encontrar un amor real sin el cual le era imposible vivir.

Escrito por: Melissa R.

Un pensamiento en “Gia Carangi. La primera supermodelo de los 80.

  1. Pingback: Fin de la Semana del Orgullo Gay | triángulo magazine

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s