Telenovelas: guapas y con tacones de metacrilato

Hablar de telenovelas es hablar de un género televisivo bastante vilipendiado, pero que arrastra a millones de espectadores delante de las pantallas, fieles seguidores de las aventuras y desventuras de sus protagonistas. Teleseries ambientadas en la actualidad, en el siglo XIX o en los Años Veinte, los culebrones se han apoderado de la sobremesa.

Surgen en los años 30 en Cuba, tal y como cuenta Boris Izaguirre en el artículo El culebrón, pasiones de telenovela: “ El cubano Felix B. Caignet creó el género en 1948 con el estreno de El derecho de nacer, la increíble historia de Alberto Limonta, el hijo que no iba a nacer de una acaudalada heredera engañada por un canalla de la vida.

Felix B. Caignet

Felix B. Caignet

Cuba se convierte de esta manera en la cuna de las telenovelas, exportándose poco después este modelo de programa a Brasil, donde alcanza rápido éxito. En 1961, con el presidente de Estado Unidos Eisenhower cortando las relaciones con Cuba, muchos son los guionistas que huyen de la isla, para trasladarse a otros países, como Venezuela o México. Serán estos guionistas los que expandan por América Latina los culebrones, e incluso España, que en la actualidad ya es exportadora de este tipo de entretenimiento, como por ejemplo, Amar en tiempos revueltos o la andaluza Arrayán.

Culebrones a la española

Culebrones a la española

Lo que en un principio nos puede parecer una interminable serie de televisión, donde siempre ocurre algo, para que el final siempre sea igual (los protagonistas acaban juntos), es algo más que eso. Aunque parezca que duran toda la vida, por lo general duran un año- dos años. La mayor parte de ellas presenta el mismo patrón: chica joven, inocente se enamora del galán. Algo les impide esta juntos (diferentes clases sociales, un conflicto del pasado, secundarios que no quieren que acaben juntos…), pero consiguen superar todos los obstáculos de tal forma que el amor siempre acaba triunfando.

No confundir con el temible pirata Roberts

No confundir con el temible pirata Roberts

Todos en algún momento de nuestra vida (probablemente en verano, a la hora de la siesta) nos hemos enganchado a una telenovela: Amarte así Frijolito, Gata Salvaje, la aún en pantalla Avenida Brasil, o la orientada a un público más adolescente, Rebelde.

¿Qué es lo que tienen que engancha tanto? Capítulos que terminan con más suspense que uno de Perdidos, tramas que puedes dejar de ver semanas, volver a engancharte y sentir que no te has perdido nada, historias que recuerdan a clásicos de la literatura… 

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Elegancia pura en La Dama de Rosa

El fenómeno de las telenovelas es, tal vez, inexplicable. Los culebrones buenos, aquellos que se enganchan a millones de personas y que se exportan a muchos países, ya no sólo hispanohablantes, pues telenovelas como la argentina Rebelde Way se han emitido en Israel, triunfan por la combinación de varios factores: la química entre los protagonistas, la trama, y el momento de emisión, algo clave en telenovelas como la mencionada Avenida Brasil, “(…) se mueve hacia los suburbios al norte de la ciudad, al ficticio barrio del Divino, donde habita esta sociedad emergente, que compra en el mismo almacén, pasa el tiempo en el mismo bar, y está inmortalizada en atractivos personajes secundarios”, recoge El País.

Así de natural posa Mario Cimarro, galán clásico de telenovela

Así de natural posa Mario Cimarro, galán clásico de telenovela

Desde nuestro punto de vista, el de Triángulo Magazine, hay algo fascinante de las telenovelas: el vestuario. Tacones de metacrilato para tomar el sol en la piscina, ropa muy ceñida, con amplios escotes y faldas muy minifaldas. Los hombres, de traje. Si son atractivos, con varios botones desabrochados y, cada vez que puedan, enseñando un trabajado torso de gimnasio. La clase social de los personajes queda reflejada perfectamente en el vestuario: bolsos de marca y tendencia a la exuberancia en los personajes femeninos de clase alta (si son malas, más enseñan), mientras las clases más pobres van más desaliñadas. Incluso sus trabajos son diferentes y tendentes a ser parecidos: los ricos son hombres de negocios y los pobres se dedican a chanchullos, vender comida por la calle o, simplemente, a quejarse de sus penas.

Las malas de Gata Salvaje

Las malas de Gata Salvaje

Teniendo en cuenta las increíbles audiencias, es normal que el estilismo de las actrices se ponga de moda. Como recoge Julia Ortega Almeida en su trabajo Del consumo de telenovelas al consumo de ropa, “La telenovela brasilera El Clon, producida por la TV Globo, en el año 2001  y que fue exportada con gran éxito a 90 países, en la cual Jade, una mujer joven es obligada por las circunstancias a ir a vivir en Marruecos, generó uno de los fenómenos más impactantes de la última década; provocó y puso de moda un ajuar de una belleza exótica: faldas largas y vaporosas, colores vivos, blusas y pañuelos sueltos y una bisutería con un gran trabajo de orfebrería que le daba el toque especial al atuendo.

Cuando Colomia conoció a Marruecos

Cuando Colombia conoció a Marruecos

El gran éxito de la telenovela mexicana Rebelde (no confundir con la argentina Rebelde Way) hizo que una de las protagonistas, Dulce María, fichase por el imperio de belleza L’Oréal. A partir de entonces el personaje de Dulce María cambiaría de color de pelo habitualmente, no siempre de forma muy disimulada.

Muchas serían las adolescentes que imitarían, tras ver la serie a Roberta, el personaje que interpretaba Dulce María.

Busca las 7 diferencias. A la izquierda, Rebelde Way. A la derecha, Rebelde.

Busca las 7 diferencias. A la izquierda, Rebelde Way. A la derecha, Rebelde.

No podemos negar el impacto de las telenovelas en la sociedad actual. Tendemos a reírnos de ellas, menospreciarlas, cuando su influencia es mayor de la que creemos. ¿o quién no se ha imaginado paseando por Miami con tacones imposibles, hablando por el móvil y preparando la venganza contra la cursi protagonista?

Fuente imágenes
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ABC

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