El hogar, la moda y las revistas

A lo largo de esta Semana del Hogar hemos estado viendo como el papel de la mujer en el hogar se ha visto influenciado por causas como una guerra o la publicidad. Como el rol que se le ha asignado ha ido variando en función de los intereses del momento, como si la mujer fuese una pieza más de un juego de mesa. Una de las formas más claras a la hora de “educar” a la mujer en su papel de eficiente ama de casa ha sido las revistas.

Ya os hablamos hace tiempo de ellas, de las revistas de moda que buscaban informar a sus lectoras de los últimos modelos en boga. Es a partir del siglo XIX cuando estas revistas se llenan de consejos de todo tipo, siempre buscando eso, proporcionar ayuda en temas referentes al hogar o al amor. Se tiende a llamar a estas revistas, femeninas, pero como indica Juan Fernández Sanz:

“ (…) que aunque muchas veces se utilizan como sinónimos las expresiones “Prensa Femenina y Prensa para mujeres”… no todos las consideran equivalentes, pues hay quien prefiere distinguir entre unas publicaciones que se ocupan, fundamentalmente de una temática relativa a la casa, la moda, la belleza (Prensa Femenina), y otras que se definen como dirigidas especialmente a la mujer, pero con otro tipo de intereses. En este último grupo se encuentran, por ejemplo, las revistas de “corte feminista”.

Es decir, que dentro de prensa femenina se ha metido a todo tipo de publicaciones, teniendo en cuenta solo el supuesto público al que se dirigen, debido a la temática que tratan: asuntos del corazón, temas del hogar, moda… Naturalmente, que esta clasificación es poco acertada, debido a que se da por hecho que son solo las mujeres las que leen estas revistas, cuando hay hombres que las consumen y han consumido también.

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Quedando ya clara la definición de revista femenina, nos centraremos en las más tradicionales, aquellas conocidas como revistas de hogar. Ya los nombres de las publicaciones nos hacen darnos una idea del contenido de las mismas. “Almanaque del Ángel del hogar: dedicado a las señoritas y a las madres de familia “, “Décadas eruditas y morales de las damas”, “El Mentor de las familias: Periódico de instrucción popular, científico, industrial y recreativo”, “La Mujer y la Casa”. Todo muy en pro de la liberación de la mujer…

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Hay que entender que en el siglo XIX lo que interesaba era que la mujer supiese tocar el piano, leer bien (¡pero no literatura seria, sino literatura romántica!), y vestir a la moda. Era, en realidad, lo justo y necesario para pillar a un marido. Y las revistas tradicionales femeninas te enseñaban a mantener a ese marido mientras acudías de visita perfectamente vestida, siguiendo las últimas tendencias de moda que venían de París,para que tu amiga Jacinta te dijese que guapa estabas. Podemos decir que, sin duda alguna, las revistas eran una continuación de la educación que la mujer recibía. Educación básica, porque era lo que interesaba al hombre.

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Por fortuna, no todo fueron publicaciones que buscaban que la mujer se quedase en casa atendiendo a los hijos. Ya en el siglo XIX aparecen revistas de tendencia feminista, como “El pensil de Iberia” o “Ellas, gaceta del bello sexo”. Blasina Cantizano Márquez rescata en su trabajo La mujer en la prensa femenina del XIX los siguientes textos de la segunda publicación:

Desde que hay sabios en el mundo pocos han sido los que se han ocupado de los derechos é instruccion de la infeliz mujer, y la voz de estos pocos, aunque grande y portentosa, parece que se ha perdido en el espacio como se pierden los ayes de un náufrago en la inmensidad de los mares.”

«Ya es tiempo, volvemos a repetir por fin, que las mujeres recobren en la sociedad el puesto que las corresponde como la mitad más preciosa del género humano,…

A pesar de este tipo de publicaciones, la mujer aún tardó mucho en emanciparse. Mientras, las publicaciones de corte tradicional seguían (y siguen) poblando los kioskos. Secciones de todo tipo, con relatos que incluían frases como esta del relato de Pierre L’Ermite, Zenobia está triste:

La perla en cuestión tiene 32 años, cocina regularmente: sabe hacer unos huevos cocidos y un pasable puchero. Es persona de buenas costumbres; le gusta trabajar en casas tranquilas donde no haya niños ni perros y en las que la cocinera es la encargada de hacer las compras en el mercado.

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En el relato el protagonista, un hombre que se define a sí mismo como “un modesto empleado del ministerio del Interior”, tiene que enfrentarse a Zenobia, su empleada del hogar que no para de llorar desconsoladamente. El hombre le proporciona todo lo que ella quiere (ir al cine, ropa nueva, una buena renta…), hasta que, finalmente le pide matrimonio para que deje de llorar y se ponga a trabajar. Un gesto de lo más romántico que toda mujer actual desearía que le ocurriese.

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Otra de las secciones habituales en este tipo de revistas eran las de moda, que incluían tanto fotografías de modelos con los últimos diseños, como ilustraciones. En muchas ocasiones, se acompañaba de consejos sobre cuando llevar los conjuntos o, incluso, como realizarlos. Este tipo de sección daría lugar a revistas especializadas en esto. Hoy en día, publicaciones como Burda o Patrones mantienen este tipo de hazlo tú mismo.

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Los consejos no se limitaban a la moda. Toda buena revista contaba con su consultorio, tanto sentimental como de hogar. Trucos como limpiar la joyería de oro con amoniaco, o consejos acerca de quién tiene que pagar el banquete nupcial llenaban las páginas de las revistas, mientras su lectoras enviaban preguntas del tipo, “¿Debería casarse mi amiga de 20 años con su prometido a pesar de que esté embarazada de otro hombre que no le importa nada?”.

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Una de las secciones más entretenidas es la dedicada a la sociedad del momento, con imágenes que nos recuerdan a las páginas en blanco y negro del ¡Hola!. Bodas, bautizos, comuniones, desfiles de moda, fiestas… Cualquier acto social podía ser publicado en estas páginas, que nos dan una imagen de la sociedad, generalmente más pudiente, de la época.

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No podemos olvidarnos de la publicidad, de la cual ya os hemos hablado. Sin duda alguna, esta se vale de las revistas para reforzar el mensaje que quieren transmitir, el de que la mujer es, simplemente, el sexo bello. Y no se corta en hacérselo saber.

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Pocas diferencias hay entre las revistas de aquel entonces y las actuales. Ambas incluyen consejos de hogar, tendencias de moda, trucos de belleza e, incluso, relatos. ¿La diferencia además del lenguaje? Las revistas actuales hablan también de trabajo, sexo, psicología… Sí bien la liberación de la mujer trajo consigo la libertad para hablar de estos temas, en el fondo una revista del siglo XIX no se diferencia de una de 1950 de una del 2014.

Fuente imágenes
Mónica B.
Mundo DVD
Tebeo Esfera

Un pensamiento en “El hogar, la moda y las revistas

  1. Pingback: Fin de la semana del Hogar | triángulo magazine

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