Femmes fatales, deseo y perdición.

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Después de que las Vamps irrumpieran en las pantallas, en la era del cine negro (el período entre 1941 y 1947) los personajes femeninos tenían un papel más importante : reflejaban en parte el miedo a la pérdida de identidad, la estabilidad y la seguridad que reflejaba el clima social de la posguerra oscura y pesimista. Al igual que la vamp, la femme fatale apareció en un momento en que la masculinidad era desafiada, esta vez no por un abandono de los valores victorianos, sino por la entrada masiva de las mujeres en el mundo laboral (de predominio masculino) durante la guerra.

Estas mujeres fuertes eran descaradamente sexuales y agresivas; ” la década de la Nueva Mujer se convirtió en la mujer fatal en cuya presencia nadie estaba a salvo“. Definidas por su deseable pero peligrosa sexualidad como las vamps, las mujeres del cine negro son siempre una parte de la acción, nunca una parte del decorado. Es uno de los pocos períodos de cine clásico en el que las mujeres son, no unos símbolos estáticos activos, sino también inteligentes y poderosas, y destructivas también,  derivando el poder, y no la debilidad, de su sexualidad. La mujer fatal es a menudo una amenaza y un obstáculo en la búsqueda para el personaje de sexo masculino, y, a veces la razón de ello. Estas mujeres son centrales para la intriga, y no colocadas de forma segura en categorías que prevalecen en otros géneros como esposas, madres, hijas, amantes, etc. “Las mujeres son una parte esencial de este mundo oscuro; su representación como heraldos de la pasión destructiva o interés propio sin corazón combina muy bien con las debilidades de sus homólogos masculinos para formar una dinámica explosiva y con frecuencia corrosiva “.

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Ellen Berent Harland con un estilismo característico de  “femme fatale”.

La femme fatale aparece entre las sombras, con el rostro en un color blanco duro por la iluminación de alto contraste, y filmadas de manera que se hacía hincapié en su sexualidad, siempre representadas de manera elegante. Lleva tanto vestidos provocativos como trajes sencillos, cuadrados, con hombreras con diseños llamativos que resaltan aún más su independencia y agresividad, y  a menudo arrastra volutas de humo de cigarrillo detrás de ella, provocando una oscura sensualidad. Son un símbolo del miedo del hombre a la sexualidad femenina y su necesidad de reprimirla.  La mujer fatal  del cine negro no está muy alejada de la silenciosa vamp; ella se convierte, en un grado menor que la depredadora y no plenamente humana vamp; en una máscara, una idea simbólica.

Fumar era un elemento indispensable para las femmes fatales y el cine negro.

Fumar era un elemento indispensable para las femmes fatales y el cine negro.

Mientras que las vamps del cine mudo interpretaron sus historias como cuentos con moraleja situados en un paisaje cinematográfico parecido a la realidad cultural, social y física de su tiempo; el cine negro es un mundo cerrado de la imaginación donde todo el sentido de la “realidad”, del flujo de la vida cotidiana ha sido rigurosamente excluido, “un entorno inaccesible de habitaciones sin aire y de amenazantes y solitarias calles“.

Tal vez la mejor manera de resumir el poder de las vamps y las femmes fatales son como personajes femeninos fuertes, independientes que, cómo hablaba Theda Bara de sí misma: “Créeme, por cada mujer vamp hay diez hombres iguales… Hombres que toman todo de las  mujeres; el amor, la devoción, la belleza, la juventud ¡Sin dar nada a cambio! V significa vampiro  y  destaca por la venganza, también. El vampiro que interpreto es la venganza de mi sexo a sus explotadores. Usted ve… tengo la cara de un vampiro, tal vez, pero el corazón de una ‘feminista’ “.

Entre las femmes fatales del cine, destacamos:

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MARLENE DIETRICH: Dueña de un estilo personal e inimitable, cuenta entre sus admiradores confesos al desaparecido Premio Nobel Ernest Hemingway, a André Malraux, al general Charles de Gaulle y a incontables anónimos hombres y mujeres. Su voz enronquecida por el humo, sus marcados pómulos y su mirada profunda hizo de ella un hechizo erótico que no ha tenido igual. Estos elementos, unidos al misterioso y potente sex-appeal que durante más de tres décadas emanó desde la pantalla, convirtió a la protagonista de “El angel azul” en una figura incomparable.

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JOAN CRAWFORD: Después de Greta Garbo, entre 1932 y 1936 fue la mayor atracción de Hollywood. Su sensual y expresiva boca, sus grandes ojos y su sex appeal algo tosco, hicieron de ella la pareja ideal de Clark Gable, junto al que apareció en media docena de grandes éxitos.

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RITA HAYWORTH: Su cálida voz, su cabellera lujuriosa y su cuerpo escultural  le dieron una fama perdurable que le ha ganado un puesto de honor en la historia del cine. “Gilda” (1946) fue la película que le dio el éxito y su papel de “femme fatale”. Su repercusión mundial fue tal, que hasta la efigie de ese personaje acabó representado sobre la bomba atómica experimental lanzada el mismo año en el atolón de Bikini que los soldados norteamericanos pegaron. Comparada con Afrodita, se dijo que su agresiva hermosura no podía dejar indiferente a ningún varón, y su agitada vida sentimental parecía dar validez a estas opiniones. Con un talento considerado mediocre, Rita Hayworth fue, sin embargo, la gran femme fatale de los años de la Segunda Guerra Mundial.

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Jane Russell - by George Hurrell 1943.

Durante los años 50 figuras como la rubia Anita Ekberg y la morena Jane Russell encarnaron este papel de mujer fatal, aunque mucho más edulcorado que sus predecesoras, y ni que comparar con las vamps. Su rasgo más sobresaliente es el notable desarrollo anatómico del busto. Esta característica, que encarna las más notorias obsesiones eróticas del norteamericano medio, produjo sin embargo, la aparición de varias “femmes fatales”  que, fuera de su físico, poseían  también buenas dotes interpretativas. Actrices como Elizabeth Taylor, Marilyn Monroe, Gina Lollobrigida, Brigitte Bardot y Sofía Loren.

La femme fatale ha generado diferentes opiniones entre los sociólogos. Algunos lo relacionan con el concepto de la misoginia, el miedo a la brujería y  miedos masculinos del feminismo. Otros dicen que la mujer fatal “sigue siendo un ejemplo de independencia femenina y una amenaza a los roles tradicionales de género femenino”, o “expresa el antiguo y eterno control de la mujer del terreno sexual”.

De una manera u otra, todos caían rendidos antes los encantos de estas sensuales y complicadas mujeres.

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