Niño y niña, rosa y azul. ¿Moda y Roles de Género?

Si partimos de la base que los roles de género son construcciones culturales y sociales, que constituyen identidades “masculinas” y “femeninas” basadas en lo que podemos llamar estereotipos de género, estaría bien intentar descubrir cuales son los diferentes tipos de mecanismos que actúan o se activan en esos procesos socio-culturales de construcción y reafirmación de género.

Algo tan “absurdo” como que las niñas van de rosa y los niños de azul acaba convirtiéndose en uno de los pilares de la construcción social de género, “dándole género” a dos colores apoyamos una serie de estereotipos y de apreciaciones que van unido a ellos. La delicadeza, la dulzura y la docilidad del rosa van asociados a la mujer, a la niña y la feminidad. El azul, el color masculino, es el color de los niños, el color de los coches de policía, de la fuerza y de la seguridad.

Según un gran número de psicólogos, la construcción de identidad de género en niños y niñas empieza sobre los dos años, y antes de los seis está completamente afianzada. Es decir, la identidad de género como “algo fijo”, se ve constituida en lo que podríamos considerar la primera infancia, con un nivel de socialización reducido principalmente a la vida familiar y el hogar, y al ámbito escolar (en la gran mayoría de los casos).

Pero, ¿cómo afecta la moda y la vestimenta a todo esto? Que somos seres sociales es algo innegable y que nuestra identidad en múltiples niveles es construida de manera social tampoco lo es. Como seres sociales, interactuamos con el mundo mediante nuestro cuerpo, pero no lo hacemos con él desnudo. La vestimenta es aquello que adorna, tapa o decora nuestro cuerpo desnudo, que se dispone a interactuar con el mundo, con otros seres sociales igualmente provistos de vestimenta.

De esta manera, podemos afirmar que la ropa actua como un elemento de mediación entre el mundo social y la persona. La ropa, y en general la apariencia física, aparece como el primer espejo donde se ven reflejadas muchos elementos identitarios de la persona: su género, sin duda, es probablemente el elemento más “claro.” Además, la ropa y la moda se han convertido, sobre todo desde el siglo XIX en adelante, en uno de los intrsumentos más claros para la construcción de la individualidad.

Si la moda, y la vestimenta, se ha convertido gracias al impulso de la democratización de la moda apartir del siglo XX y sobre todo de la proliferación de la sociedad de consumo, en uno de los principales motores de la individualidad, entonces podemos decir que es plausible entender la moda como un instrumento de creación, producción, reproducción y sobre todo de validación de los roles de género.

Sólo hay que darse una vuelta por cualquier sección de niños de cualquier tienda low-cost de ropa, y no tan low-cost, para tener una descripción gráfica de la fuerza y la presencia aún de los roles de género en la moda. La ropa de niña, colorida, florida y preciosa. Todos los rosas, los pasteles, los amarillos, los cremas.Los volantes, los tules. Las princesas disney y las bailarinas de ballet. La sección de niños es más oscura y más tenue, menos bonita y más práctica. Llena de azules, de grises y de marrones. Las tortugas niñas y los súper héroes de Marvel.

(Y en realidad la ropa de adulto no se queda tan lejos.)

A un nivel académico, aunque la relación de la moda con la sociedad, y del estudio de la moda a un nivel psicológico o sociológico no es algo nuevo, no podemos olvidarnos de Flügel, uno de los mayores estudios realizados sobre la importancia de la moda sobre la construcción de los roles de género, podemos considerarlo más o menos reciente, del año 2000. Llevado a cabo por la socióloga americana Diane Crane y recogido en su libro ‘Fashion and Its Social Agendas: Class, Gender and Identity in Clothing.’ es un estudio histórico sobre la construcción social de los roles de género.

En palabras de la propia autora: “Fashionable clothes are used to make statements about social class and social identity, but their principal messages are about the ways in which women and men perceive their gender roles or are expected to perceive them.”

Particularmente la palabra que más me parece clave en esta cita de la autora es “expected”, no sólo la moda o la ropa se usa para poder percibir el género del otro, sino que además esa ropa hace que se cree una expectación en torno al género del otro, basada principalmente en la ropa que lleve o en su apariencia física total.

Volvamos a los niños y las marcas low-cost. Si tienes un hijo, o ves a un niño, lo normal es que te pida una camiseta de las tortugas ninja, o se fije en esa camisa azul. ¿Se interesa por una camiseta de las Princesas Disney? Uy, malo. Porque la expectación y lo esperable de ese niño con identidad masculina, es que vaya vestido acorde a esa identidad masculina, con esa serie de estereotipos culturales y sociales de roles de género que hemos codificado en prendas, colores y expresiones físicas.

Aunque podemos afirmar que a día de hoy, y gracias principalmente a la lucha de los movimientos feministas primero y queer/trans detrás, se ha erosionado de manera positiva muchas de las diferencias de género, es innegable que los roles existen y es igualmente innegable que sigue existiendo la idea generalizada de un binarismo de género con dos polos enfrentados entre ellos: el hombre y la mujer, el azul y el rosa.

De manera más o menos consciente, mediante nuestra ropa y nuestra vestimenta estamos expresando ciertas cosas de nuestra persona, puede ser una implicación política, puede ser una identidad sexual (como una mujer llevando una camisa de leñador, icono de la expresión ‘butch’ del feminismo que se acabó convirtiendo y reapropiando por el mundo de la moda como reclamo de tendencia) o una identidad de género, o la negación de la misma.

Si seguimos viviendo en un mundo principalmente binario, dónde hay dos roles fuertemente no enfrentados, pero radicalmente diferenciados entre ellos, sería pecar de ingenuidad en pensar que algo tan immediato a la vista como algo que llevamos sobre el cuerpo, y que además está mediatizado y vendido como parte casi inexorable de nuestra primera expresión de invidualidad como es la moda, no va a actuar como mediador y como herramienta de reproducción de esos roles de género.

Si eventualmente pretendemos movernos hacia un mundo dónde las diferencias entre géneros queden borradas, entonces quizá deberíamos también empezar a pensar porqué “damos género” a colores, prendas, accesorios o incluso a largos del pelo. El lenguage, igualmente “generizado”, nos habla claramente de eso. Las colecciones de moda y sus comentarios están llenos de apreciaciones como “estilo boyfriend” o “cortes de pelo a lo chico” que perpetuan una serie de estereotipos culturales sobre los roles de género, apoyados en expresiones físicas.

La moda y la vestimenta ayuda a crear roles de género, pero igual que pueden construirse, pueden (y deben) ser deconstruidos y reapropiados.

fuente fotográfica: notjustalabel.com

2 pensamientos en “Niño y niña, rosa y azul. ¿Moda y Roles de Género?

  1. me pareció muy muy interesante este texto, me basare de aquí para apoyar mi tesis, pero necesito referencias, me podrían ayudar, tengo un proyecto fotográfico en cuestión a los roles de genero moda y tradiciones.

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