Plus ça change…: Crinolina o miriñaque

Plus ça change… (,plus c’est la même chose): Frase del escritor y crítico francés Jean-Baptiste Alphonse Karr. “Cuanto más cambia… (más es la misma cosa)”.

Una de las imágenes mas típicas de las mujeres a mediados del siglo XIX es la que corresponde a la de mujeres ataviadas con grandes faldas. Faldas con tanto volumen que uno no puede mas que plantearse la cantidad de tela y almidón que habrán sido necesarios para crear ese efecto carpa de circo. El secreto se halla en una estructura digna de una obra de ingeniería llamada crinolina o miriñaque.

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A lo largo de la historia del traje varias ha sido las estructuras creadas con el fin de dar mayor volumen a la falda, pero si sobre algo destaca la crinolina es por la unión que supuso para su creación de la industria textil y la industria metalúrgica. Grandes cantidades de acero se empleaban para crear los múltiples aros que se cosían a la enagua o bien se sujetaban con cintas para dar forma a esa estructura.

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Lo que en un principio puede parecer que fue otra moda más que enjauló (y nunca mejor dicho) la libertad femenina, no podemos obviar la facilidad de movimientos que las mujeres consiguieron con los miriñaques. Podían mover las piernas dentro de él, sin la molestia de las infinitas capas de las enaguas. Unos pantalones por debajo de la estructura era lo único que tenían que llevar las mujeres.

Como bien señala James Laver en Breve Historia del traje y la moda:

(…) la crinolina era un símbolo de la supuesta inaccesibilidad de las mujeres. La falda ensanchada parecía querer decri “no se puede acercar usted ni para besar mis manos”. Pero, por supuesto, la falda enormemente amplia representaba una farsa, ya que era en sí misma un instrumento de seducción. (…) La crinolina iba siempre de un lado a otro en un estado de agitación constante. (…) Cualquier presión que se hiciera en un lado del aro metálico se transmitía, por su elasticidad, al otro lado dando como resultado un tiro ascendente de la falda. Fue probablemente esto lo que hizo que el caballero victoriano tuviera obsesión por los tobillos.

Como todas las modas, la de las crinolinas también se exageró, llegando al punto de que dos mujeres no podían compartir un sofá o entrar a la vez por una puerta, debido al tamaño que las crinolinas adquirieron. Este hecho no pasó desapercibido entre los humoristas de la época, que se apresuraron a caricaturizar esta moda femenina.

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A pesar de los cambios de formas y largos que sufrió, tras unos quince años, la crinolina abandonó el armario femenino. Seguro que más de una de estas estructuras pasó a ser usada como jaula de pájaros.

Fuente imágenes
Kunstbibliothek, Staatliche Museen zu Berlin
Pinterest
Victoria and Albert Museum

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